11/6/19

Prof. Dr. Mario Carlos Aggio

Autor:
Carlos Deguer
Título:
Prof. Dr. Mario Carlos Aggio
Fuente:
Rev. Asoc. Med. Bahía Blanca; 29 (1):2-3, ene-mar. 2019.
Idioma:
Es.
Texto:
El 25 de octubre de 2018 falleció Mario Carlos Aggio, maestro de generaciones de médicos en Bahía blanca, hemato-oncólogo de trayectoria nacional fue el modelo de rol en que todos los médicos nos miramos, su figura recta era inspiradora y formo parte de una elite de profesionales que fueron ejemplo en nuestra ciudad.
Era de pocas palabras, escuchaba mucho, se caracterizaba por su enorme modestia, siempre tenía una anécdota, y poseía un humor ácido, fino.
Vestía de sport y camisa sin corbata. De andar pausado y paso firme. Fue un gran lector y desde siempre desarrolló su gusto por escuchar música en todas sus variantes, y fundamentalmente tango.
El Dr. Mario Carlos Aggio, nació en Bahía Blanca el 20 de febrero de 1939. Hijo único del matrimonio de Bárbara De Negri, farmacéutica y de Carlos Felipe Aggio, bahiense, químico. Su madre era italiana y se había recibido en la Universidad de Génova
Cursó el primario en la Escuela Nº 5, el secundario lo cursó en el Colegio Nacional. Se recibió de bachiller en el 1955, compañero y amigo del escritor y poeta Mario Iaquinandi.
Se graduó en la UBA en la década del sesenta. Siempre orientado hacia la hematología, con docentes de la talla de Bernardo Alberto Houssay, Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1947, otro maestro fue el Dr. Eduardo Braun Menéndez. En el antiguo Hospital de Clínicas, tomó clases de semiología con el emérito Osvaldo Fustiñoni.
Con respecto a la residencia fue egresado de la primera camada de la municipalidad de Buenos Aires. En el hospital "Ramos Mejía", donde se formó en hematología con el profesor Dr. Gregorio Bomchil. Más tarde, accedió a una beca del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y se fue a Jujuy a estudiar la adaptación del hombre a la falta de oxígeno, para conocer la producción de glóbulos rojos en condiciones de baja cantidad de aire. Y precisamente con ese tema defendió su tesis de Doctorado en Medicina.
Durante treinta años fue docente universitario en la Universidad del Sur, estuvo siempre al frente de la cátedra de Fisiología y fue decano del Departamento de Biología de la Universidad Nacional del Sur. En 1994 integró la primera comisión que trabajó por la creación de la carrera de Medicina.
En los difíciles años del gobierno de Perón e Isabel Martínez, continuados luego por el Proceso Militar, fue delatado, calumniado y difamado por un profesor universitario. La persecución que sobre él y sus colegas de entonces desató la dictadura militar, lo hizo padecer el allanamiento de su casa, y la destrucción y secuestro de sus libros y documentos. En 1976 permaneció detenido un semestre en la cárcel de Villa Foresta junto a otros profesores acusados de “infiltración ideológica” en la UNS. Luego vino el exilio.
Su posterior testimonio contribuyó al primero de los juicios por delitos de lesa humanidad, que se concretó entre 2011 y 2012 en el Aula Magna de la UNS.
Durante su exilio de dos años fue profesor de medicina en la Universidad de Tennessee, en Estados Unidos.
La Universidad de Tennessee fue la primera institución de educación superior mixta en los Estados Unidos hoy es la universidad pública más grande del estado con más de 20.000 estudiantes de pregrado y 6.000 estudiantes de postgrado, que acceden desde casi todo el país y más de noventa naciones.
Jubilado del Hospital Interzonal Gral. "Dr. José Penna", allí trabajó treinta años como jefe de Hematología. Entre sus palabras en un reportaje realizado por el periodista Jorge Palacio dijo: “Sigo siendo un animal de hospital público, que es el lugar donde, al menos por un tiempo, deberíamos ejercer la profesión. La salud es un derecho humano esencial, y es una responsabilidad del Estado pero también es una responsabilidad colectiva, de toda la sociedad, por ello los médicos nos convertimos en sujetos políticos que deberíamos ser capaces de formular políticas públicas de la salud, como proyectos colectivos para la sociedad”.
Su labor en lo docente asistencial fue de excelencia. Escribió innumerable cantidad de trabajos científicos disponibles en cualquier buscador internacional.
Casado con Adriana María Izurieta a quien conoció en la Comisión Nacional de Energía Atómica. Ella era secretaria de una de las áreas. Y él trabajaba con radioisótopos y por ese motivo concurría con frecuencia a la Comisión.
Adriana es porteña del barrio de Núñez, tuvieron cuatro hijos, Juan Felipe que es biólogo y es investigador en una universidad de Georgia, donde hace neurofisiología; José Manuel que es abogado y trabaja en recursos humanos y está radicado en Tucumán; María Amalia, profesora de niños con comportamientos especiales y está en Fleni y Carlos Ernesto, que es economista y se ocupa de tareas para la UNESCO. Son abuelos de cinco nietos: Felipe Mario, Manuela, Gonzalo José, Benjamín y Martín.
En la actividad privada fue uno de los pioneros junto a Felipe Glasman en manejar la primera cámara Gamma de Bahía blanca, y fue Vicedirector del Instituto de Oncología de Lavalle 11.
La ciudad lo homenajeó nombrándolo ciudadano ilustre en el Concejo Deliberante, aplaudido por su familia y sus colegas.
Entre la infinidad de anécdotas que lo pintan, en uno de sus reportajes dijo que en la vida le quedó un capítulo sin poder cumplir. “Haber podido ser, al menos mínimamente, como Albert Schweitzer y Esteban Laureano Maradona porque vivieron de acuerdo a sus convicciones y eligieron los peores lugares, porque entendían que allí los necesitaban. Porque hicieron mucho y hablaron poco”.
Siempre participó de toda la vida académica y también gremial. En la Asociación Médica de Bahía Blanca, fue editor de la Revista Científica desde 1984 hasta el 2002, y encargado de las residencias médicas gremiales desarrollando el andamiaje necesario para que fueran de excelencia durante el período 2012-2014.
El 25 de Octubre se nos fue, en silencio, sin estridencias como corresponde a su trayectoria.
Una de las últimas veces que lo vi fue en una exposición de filatelia, su hobby, y le prometí grabarle una vieja canción que se cantaba en las trincheras durante la 2ª guerra mundial, Lily Marleen, a él le faltaba la versión de Marlene Dietrich de 1945. Todavía se la debo.
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